La ciudad de Brampton, Ontario, ha dado un paso sin precedentes para obligar a Stellantis a comprometerse con un futuro para su planta de ensamblaje local, rezonificando el terreno para permitir exclusivamente la fabricación de vehículos. Esta medida desafía directamente los planes indefinidos del fabricante de automóviles para la instalación, que actualmente deja en la incertidumbre a aproximadamente 3.000 trabajadores sindicalizados.
La parada repentina de la planta
Durante casi dos décadas, la planta de ensamblaje de Brampton fue un importante productor de Dodge Chargers y Challengers. Sin embargo, con el rediseño del Charger para convertirlo en un modelo eléctrico, la producción se trasladó a las instalaciones de Stellantis en Windsor. El golpe final llegó cuando la próxima generación del Jeep Compass –inicialmente previsto para Brampton– fue trasladado a Belvidere, Illinois, en respuesta a los aranceles de importación de la era Trump.
Este repentino cambio de estrategia dejó la planta de Brampton inactiva, sin nuevos productos asignados y miles de puestos de trabajo en riesgo. Si bien Stellantis sostiene que tiene planes para el sitio, no se han hecho anuncios concretos. El retraso de la producción del Compass hasta finales de 2027 no ha hecho más que empeorar la situación.
La contramedida de la ciudad
El 25 de febrero, el ayuntamiento de Brampton votó por unanimidad a favor de rezonificar el terreno para restringir su uso únicamente a la fabricación de vehículos. Anteriormente dividido en zonas para fines industriales generales, el sitio podría haberse vendido fácilmente para su remodelación. La nueva ley de zonificación bloquea efectivamente esta opción, con la esperanza de incentivar a Stellantis a volver a comprometerse con la producción de automóviles.
“Si Stellantis cree que pueden construir condominios allí, pueden volar una cometa”, declaró el alcalde de Brampton, Patrick Brown, durante la sesión. Este mensaje contundente subraya la determinación de la ciudad de proteger su industria automotriz.
Los trabajadores exigen acción
La medida ha recibido un fuerte apoyo de Unifor Local 1285, que representa a los trabajadores de la planta. El presidente Vito Beato sostiene que la rezonificación “protege la planta” y brinda “esperanzas” de que Stellantis “dará un paso al frente” y se comprometerá con un nuevo vehículo. Los trabajadores ven la planta no sólo como un lugar de trabajo sino como una fuente de sustento generacional.
Stellantis respondió con una declaración reconociendo el interés de la ciudad en preservar el sitio, afirmando que proteger los empleos de fabricación es “una máxima prioridad”. La empresa afirma estar “evaluando activamente futuras oportunidades de productos”, pero no ofrece garantías inmediatas.
La situación plantea interrogantes más amplios sobre la vulnerabilidad de los empleos manufactureros ante los cambios en las políticas comerciales y la reestructuración corporativa. El caso Brampton demuestra cómo los gobiernos locales están cada vez más dispuestos a intervenir para proteger su base industrial.
El futuro de la planta de ensamblaje de Brampton sigue siendo incierto, pero la audaz medida de la ciudad ha presionado directamente a Stellantis para que presente un plan viable para las instalaciones y su fuerza laboral.
