La policía de la ciudad de Oklahoma gasta $270,000 al año, por un total de casi $800,000 durante el período del contrato, en el acceso a datos del lector automatizado de matrículas (ALPR) a través de Flock Safety. El sistema registra datos detallados del vehículo (marca, modelo, daños e incluso calcomanías en los parachoques), pero carece de supervisión básica, registros de auditoría o reglas de transparencia sobre quién accede a esta información.
Acceso no controlado a datos de vigilancia
Las solicitudes de un residente local bajo la Ley de Libertad de Información (FOIA) revelaron que el Departamento de Policía de la Ciudad de Oklahoma (OCPD) no ha publicado controles de acceso para el sistema ALPR. Esto significa que cualquier persona con autorización puede buscar datos del vehículo sin violar la política escrita, ya que no existen estándares de uso prohibido. El departamento tampoco tiene pautas disciplinarias para el uso indebido, como el acoso, y no rastrea quién accede a los datos ni con qué frecuencia.
Esta ausencia de supervisión es particularmente preocupante dadas las capacidades del sistema: las cámaras Flock observan eficazmente cada vehículo que pasa por sus ubicaciones, compilando una amplia base de datos de movimientos y detalles del vehículo. Sin pistas de auditoría, es imposible demostrar el uso indebido, pero también imposible prevenirlo.
Ambigüedad legal y preocupaciones sobre la privacidad
La ley de Oklahoma restringe el uso de ALPR a la aplicación de la ley de seguros según §47-7-606.1, pero no regula otros sistemas ALPR que operan bajo una autoridad separada. Esto crea un área legal gris, que permite a la OCPD operar fuera de limitaciones estrictas.
A nivel nacional, las cámaras ALPR han enfrentado críticas debido a fallas de seguridad y uso indebido documentado por parte de las autoridades: el acceso no autorizado a los datos del vehículo y búsquedas cuestionables han dado lugar a medidas disciplinarias o cargos penales en múltiples casos. En estos casos, el uso indebido sólo se descubrió después de que los ciudadanos solicitaron registros de acceso.
Sin supervisión, los datos de vigilancia se convierten en una herramienta para el abuso, no sólo para hacer cumplir la ley.
La falta de seguimiento por parte de la OCPD dificulta demostrar el uso indebido, pero la propia ausencia de controles plantea serias preocupaciones sobre la privacidad. El departamento opera efectivamente un sistema de vigilancia de alta tecnología sin ninguna política formal que prevenga el abuso. Se trata de una clara falta de responsabilidad en una era en la que la privacidad de los datos es primordial.























