El Saab 900SE de 1994 representó una evolución significativa para el fabricante de automóviles sueco, combinando tradición peculiar con ingeniería moderna. Probado por Car and Driver en noviembre de 1993, el nuevo 900 no se trataba de un diseño radical; se trataba de perfeccionar una fórmula que había funcionado durante décadas. Saab evitó deliberadamente perseguir la estética convencional, rechazando propuestas de Pininfarina y ASC, y en cambio duplicó su identidad única.
Un enfoque deliberadamente diferente
El enfoque de Saab fue sencillo: conservar los elementos reconocibles que hacían que la marca se destacara. Esto incluía los distintivos guardabarros “Perot-ear”, la parrilla trapezoidal y el característico parabrisas envolvente que obliga a los conductores a mirar hacia arriba en los semáforos. Mientras otros fabricantes perseguían la perfección aerodinámica, Saab admitió abiertamente que el coeficiente de resistencia aerodinámica de su nuevo modelo era de 0,32 con faldones guardabarros, un detalle que subrayaba su compromiso con la practicidad por encima de la pura eficiencia.
El objetivo de la empresa era el Serie 3 de BMW, pero Saab no intentó imitar la precisión alemana. Duplicó la excentricidad sueca, conservando incluso peculiaridades como el interruptor de encendido entre los asientos y un famoso mecanismo de cambio de goma. Estos no fueron descuidos; fueron elecciones intencionales que reforzaron la identidad de la marca.
Rendimiento y practicidad
El 900SE ofrecía un motor V-6 de 170 CV como opción, lo que marcaba la primera vez que Saab ofrecía un tren motriz de seis cilindros. El rendimiento era competitivo: 0 a 100 km/h en 7,0 segundos, cercano al BMW 325i. El manejo del coche era predecible y tendía al subviraje, una elección deliberada adecuada a las condiciones de conducción escandinavas.
Más allá de la velocidad, el 900SE destacó por su practicidad. La escotilla trasera se abrió a unos cavernosos 24 pies cúbicos de almacenamiento, ampliables a 49,8 con los asientos plegados. Detalles como juntas tóricas de acero para asegurar la carga y una trampilla para pasar artículos de gran tamaño reforzaron la utilidad del automóvil.
Atención obsesiva al detalle
Los ingenieros de Saab se centraron en el refinamiento en lugares inesperados: pintura impecable dentro de las jambas de las puertas, un amortiguador de ruidos en la guantera y una caja de fusibles accesible sin contorsiones. Las manijas exteriores de las puertas tenían textura para evitar el deslizamiento cuando estaban mojadas y una alfombra cubría el área del asiento trasero. Los controles de clima se simplificaron, aunque el diseño del tablero siguió siendo exclusivamente complejo de Saab.
El coche también incluía características estándar como ABS, dos airbags y alarma antirrobo. El control de tracción opcional estaba bien afinado, lo que permitía un patinaje controlado de las ruedas antes de intervenir.
Un legado duradero
El Saab 900SE no se trataba de ser el coche más rápido o más lujoso del mercado. Se trataba de ser auténticamente Saab: peculiar, práctico y sin complejos. Como concluyó Car and Driver, era “el mejor coche de la empresa en 44 años”. La combinación de tradición e innovación del 900SE solidificó la posición de Saab como un fabricante de automóviles de nicho con seguidores leales, lo que demuestra que, a veces, el mejor enfoque es simplemente mantenerse fiel a sus raíces.























